Platero y yo
¡Hola compañeros!
Aquí os traigo mi lectura del capítulo veintiuno de Platero y yo, titulado "La azotea". Más abajo lo dejo escrito para que podáis seguir el audio.
Abrazos ;)
Capítulo veintiuno.
La azotea.
Tú Platero, no has subido nunca a la azotea. No puedes
saber qué honda respiración ensancha el pecho cuando, al salir
a ella de la escalerilla oscura de madera, se siente uno
quemado en el sol pleno del día, anegado de azul como al lado
mismo del cielo, ciego del blancor de la cal, con la que, como sabes,
se da al suelo de ladrillo para que venga limpia al aljibe el agua de
las nubes
¡Qué encanto el de la azotea! Las campanas de la torre
están sonando en nuestro pecho, al nivel de nuestro corazón,
que late fuerte; se ven brillar, lejos, en las viñas, los azadones,
con una chispa de plata y sol; se domina todo: las otras
azoteas, los corrales, donde la gente, olvidada, se afana, cada uno
en lo suyo —el sillero, el pintor, el tonelero las manchas de
arbolado de los corralones, con el toro o la cabra; el
cementerio, adonde a veces llega, pequeñito, apretado y negro,
un inadvertido entierro de tercera; ventanas con una muchacha
en camisa que se peina, descuidada, cantando; el río, con un
barco que no acaba de entrar; graneros, donde un músico solitario
ensaya el cornetín, o donde el amor violento hace, redondo,
ciego y cerrado, de las suyas...
La casa desaparece como un sótano. ¡Qué extraño, por la
montera de cristales, la vida ordinaria de abajo: las palabras, los
ruidos, el jardín mismo, tan bello desde él; tú, Platero, bebiendo, en
el pilón, sin verme, o jugando, como un tonto, con el gorrión o la
tortuga!